Iba caminando con las manos
guardadas en los bolsillos
pensando en aire
hasta que llamó mi atención
aquello:
pasaba ante mi
alguien que buscaba la belleza nueva
ya nada le parecia nuevo
alegaba una tal emoción que
con gritos anunciaba
perdida
tomé una roca y se la lance a la nuca
me miró con mas sorpresa que odio
"te presento las rocas" le dije
"suelen estar en el piso"
seguí caminando
a la vuelta de la esquina,
a pasos del almacén
encontré a unos niños
lamiendo un papel
y cantándole a una luz verde
que los hacia cambiar de color
me vieron y rieron
¿Te aburriste de buscar? me dijeron
encogí los hombros
Se me acercó un gato
le dí unas caricias
y su cara comenzo a tornarce
algo verde
segui caminando con mi compadre
hablando
de lo complicado que es una balanza
y que si son realmente necesarias
viernes, 17 de junio de 2011
viernes, 3 de junio de 2011
Locomoción colectiva
Yeah, acababa de comprarme un libro, su nombre era Pulp y su temática se plasmo no solo al momento de leerlo si no en todo ese dia. Pienso que fui espectador (y victima) de ciertos sucesos que se burlan de uno, tu sabes, eso sucesos pelusones que se ponen de acuerdo para hacer coincidir su aparición en escena y después juntarse tras el telón para atorarse de risa de lo que uno dedujo de lo vivido.
Con libro en mano y ansiedad en las el resto del cuerpo por llegar luego a casa decidí por parar un taxi sin hacerme de rogar tan solo el primero que llegara. Era un cacharro malajestado que no le funcionaban bien sus luces, el limpiaparabrisas se levantaba sin orden alguna y cada cierto tiempo se quedaba pegado en una trizadura que dividía el vidrio en dos. No tenia radio.
En el puesto del chofer, no mejor que el mismo vehículo, un hombre de edad avanzada vestido con trapos y una boina. Su figura era triste y delgada. De su huesuda barbilla asomaba un llamativo pelaje que con otros pelos repartidos por el rostro le daban un aspecto de zuricata mal nutrida.
Una mujer joven vestida de ejecutiva hace detener el auto, le indica una dirección al viejo y este le responde en seco “no”.
- ¿ Viste eso? – me dijo – aplicó la diplomacia, pero a mi no me vienen con weas, yo ya soy un viejo conchasumadre ¿no ves?, ya pasó la sintonía de que “a las minas que están buenas hay que llevarlas”. Yo ya no me caliento con nada, estoy seco.
El viejo no tenia dientes, lo que le daba una entonación de abuelito tierno a la voz. Yo iba en el asiento del copiloto y en el asiento de atrás iba un hombre de edad con el rostro de incomodidad que ya no podía disimular.
- Cuarenta años conduciendo en este desagüe de ciudad, micros, colectivos, helicópteros, lo que me vengas a decir lo he manejado y te puedo asegurar una cosa: la gente no cambia – de repente daba la impresión que el viejo mascaba chicle – lo que mas me revienta las pelotas es que venga un pendejo policía y se venga a hacer el valiente con este viejo, me piden documentos, identificación y mierdas, llevo cuarenta años trabajando, yo debería enseñarle a el a como cortarse el pelo – el auto se detuvo en una esquina.
- Aquí estamos hueon, Bonilla con Donoso – le dijo al pasajero de atrás quien hizo un gesto de despabilo y se tomo con humor su tardía reacción argumentando que estaba pendiente de la historia.
Con libro en mano y ansiedad en las el resto del cuerpo por llegar luego a casa decidí por parar un taxi sin hacerme de rogar tan solo el primero que llegara. Era un cacharro malajestado que no le funcionaban bien sus luces, el limpiaparabrisas se levantaba sin orden alguna y cada cierto tiempo se quedaba pegado en una trizadura que dividía el vidrio en dos. No tenia radio.
En el puesto del chofer, no mejor que el mismo vehículo, un hombre de edad avanzada vestido con trapos y una boina. Su figura era triste y delgada. De su huesuda barbilla asomaba un llamativo pelaje que con otros pelos repartidos por el rostro le daban un aspecto de zuricata mal nutrida.
Una mujer joven vestida de ejecutiva hace detener el auto, le indica una dirección al viejo y este le responde en seco “no”.
- ¿ Viste eso? – me dijo – aplicó la diplomacia, pero a mi no me vienen con weas, yo ya soy un viejo conchasumadre ¿no ves?, ya pasó la sintonía de que “a las minas que están buenas hay que llevarlas”. Yo ya no me caliento con nada, estoy seco.
El viejo no tenia dientes, lo que le daba una entonación de abuelito tierno a la voz. Yo iba en el asiento del copiloto y en el asiento de atrás iba un hombre de edad con el rostro de incomodidad que ya no podía disimular.
- Cuarenta años conduciendo en este desagüe de ciudad, micros, colectivos, helicópteros, lo que me vengas a decir lo he manejado y te puedo asegurar una cosa: la gente no cambia – de repente daba la impresión que el viejo mascaba chicle – lo que mas me revienta las pelotas es que venga un pendejo policía y se venga a hacer el valiente con este viejo, me piden documentos, identificación y mierdas, llevo cuarenta años trabajando, yo debería enseñarle a el a como cortarse el pelo – el auto se detuvo en una esquina.
- Aquí estamos hueon, Bonilla con Donoso – le dijo al pasajero de atrás quien hizo un gesto de despabilo y se tomo con humor su tardía reacción argumentando que estaba pendiente de la historia.
-¿Conoces a Bonilla?, ese mojon de perro era juez hace al menos 50 años. Era un maricón déspota, abusaba a vista y paciencia de todo el mundo, incluso a mi me toco. He, te ríes. Es verdad.
Hace años este caballero, diría mas bien caballo, me detuvo en la calle alegando exceso de velocidad y me adjudico una multa de 30 mil. Seguí avanzando y el viejo me grito enfurecido que ahora la multa era de 40 mil. No me detuve y el viejo colorado con la sangre hirviendo agravó el castigo a 50 mil, a lo que dije: ¿y si no paro me llevaras a prisión, mierda?.
- algo hostil
- ¿Algo hostil? ¿Quieres saber una cosa?, ¡Iba caminando!, en ese tiempo no habían autos en este podrido lugar, solo caballos y mulas que tiraban carretas de madera, viejo de mierda ese.
Se escucha la baliza de una patrulla de la policía, por el espejo retrovisor pude ver al uniformado ordenándole al viejo que se detuviera a un lado del camino. Dada la orden, el viejo apretado como aguantando una autodestrucción detiene su vehículo. Se acerca el uniformado a un lado de la ventana.
- Identificación – dijo el uniformado
El viejo se acomodó en el asiento para mirar de frente al oficial
- ¿Tu me crees maricón de las chacras?, mírame pavo de mierda, estoy hecho un estropajo por los años de trabajo, las pelotas las dejo en la casa porque ya les deprime tanto paseo, desde que ibas en el jardín que ya no me crece mas pelo. ¿Vas a decirme que algo anda mal con mi manera de trabajar? ¿Tu? – el viejo ríe, pero mas parecía como si se hubiese tragado un diente – Ok, tengo algo para ti. Amigo, acércate a lo que tengo que decirte, acércate.
El viejo baja la voz en tono de cuchicheo y rumor, y se acercó en actitud maquiavélica – Así, entre nosotros oficial, traigo una vieja muerta atrás, pero no le diga nadie
- me esta tomando el pelo – responde con la cara deformada el oficial
El viejo lanza una risa en frente del oficial y pisa el acelerador dejando atrás la patrulla y una posible demanda. Al bajarme el viejo se despide amigablemente y yo marchaba con el pantalón lleno de pulgas.
Hace años este caballero, diría mas bien caballo, me detuvo en la calle alegando exceso de velocidad y me adjudico una multa de 30 mil. Seguí avanzando y el viejo me grito enfurecido que ahora la multa era de 40 mil. No me detuve y el viejo colorado con la sangre hirviendo agravó el castigo a 50 mil, a lo que dije: ¿y si no paro me llevaras a prisión, mierda?.
- algo hostil
- ¿Algo hostil? ¿Quieres saber una cosa?, ¡Iba caminando!, en ese tiempo no habían autos en este podrido lugar, solo caballos y mulas que tiraban carretas de madera, viejo de mierda ese.
Se escucha la baliza de una patrulla de la policía, por el espejo retrovisor pude ver al uniformado ordenándole al viejo que se detuviera a un lado del camino. Dada la orden, el viejo apretado como aguantando una autodestrucción detiene su vehículo. Se acerca el uniformado a un lado de la ventana.
- Identificación – dijo el uniformado
El viejo se acomodó en el asiento para mirar de frente al oficial
- ¿Tu me crees maricón de las chacras?, mírame pavo de mierda, estoy hecho un estropajo por los años de trabajo, las pelotas las dejo en la casa porque ya les deprime tanto paseo, desde que ibas en el jardín que ya no me crece mas pelo. ¿Vas a decirme que algo anda mal con mi manera de trabajar? ¿Tu? – el viejo ríe, pero mas parecía como si se hubiese tragado un diente – Ok, tengo algo para ti. Amigo, acércate a lo que tengo que decirte, acércate.
El viejo baja la voz en tono de cuchicheo y rumor, y se acercó en actitud maquiavélica – Así, entre nosotros oficial, traigo una vieja muerta atrás, pero no le diga nadie
- me esta tomando el pelo – responde con la cara deformada el oficial
El viejo lanza una risa en frente del oficial y pisa el acelerador dejando atrás la patrulla y una posible demanda. Al bajarme el viejo se despide amigablemente y yo marchaba con el pantalón lleno de pulgas.
jueves, 19 de mayo de 2011
Platicas usuales (pero ni tanto)
Llego el joven escolar algo desorientado debido a problemas, buscaba apoyarse de alguien que no por protocolo tenia que ser alguien de su familia. Ocurria para él que mientras mas conocia a una persona, menos confiaba en ella, sin embargo habia una suerte de privilegios para los "primerizos", pues habia una confianza ciega mientras durara su condición.
Se encuentra con su profesor de pre-universitario
- profe Lucas, todabía con lo del agujero negro. ¿Quiere escuchar un chiste?
- nunca es malo
- eso mismo pensaba
- je
- creo que mis padres no son lo que creía - el profesor se saca los lentes y deja de laborar en lo que estaba.
- las personas somos personas complejas, con ganas de ser complejas, que se equivocan,mienten y se contradicen. No en este caso particular en el que te estoy hablando claramente.
- entonces ¿Por qué tanta gente los tiene en un altar?, aparte de aguantarme obviamente, no es una tarea que han hecho muy bien, y eso es algo que tuvieron que asumir ya que soy una consecuencia...
- ¿Siempre tan lógico tu?, aunque en realidad, te estaría elogiando diciéndote logico, ya que ella muestra miles de caminos para llegar a roma, mientras tu a duras penas con esa sobervia fuerzas un camino irracional. Estás garrapatiando en el tronco de un arbol tu mensaje, tratando de que alguien te vea
- genial, otro sermón mas, ¿ahora qué?
- si tu fueras padre de alguien igual que tu, ¿Te soportarías?
- no lo sé - se queda pensando - entonces ¿para qué el esfuerzo? Hay padres que no cuidan a sus hijos, los violan, los matan. En sus manos tiene el diario de hoy, solo lea. ¿No se suponia que yo venia en busca de ayuda?
- eso nos lleva directamente al comienzo de la conversación. Yo esperaba un chiste.
Un silencio de hojas de diario cepilladas por la brisa los rodea, en sus hojas hay dos o tres marcas de argollas de café. Encima un cuaderno con una ecuación que llenaba toda una hoja y un par de lentes.
- Aunque se tenga la verdad circulando en frente tuyo, es posible y muy común, como lo noto, que nunca lograrás sentirla ni menos entenderla. Lo que lamentablemente hay es una suerte de orgullo desbordante que nos impide pedir ayuda por temer mostrar debilidad. Involucra a todo nuestro género como personas y se concibe en una respuesta universal: "si, entendí".
jueves, 14 de abril de 2011
Algunas Instrucciones de Cortázar
Preámbulo a las Instrucciones para Dar Cuerda al Reloj
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
Instrucciones para Dar Cuerda al Reloj
Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan. ¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.
Instrucciones para cantar
Empiece por romper los espejos de su casa, deje caer los brazos, mire vagamente la pared, olvidese. Cante una sola nota, escuche por dentro. Si oye (pero esto ocurrirá mucho después) algo como un paisaje sumido en el miedo, con hogueras entre las piedras, con siluetas semidesnudas en cuclillas, creo que estará bien encaminado, y lo mismo si oye un río por donde bajan barcas pintadas de amarillo y negro, si oye un sabor pan, un tacto de dedos, una sombra de caballo. Después compre solfeos y un frac, y por favor no cante por la nariz y deje en paz a Schumann.
Historias de cronopios y de famas (1962) Julio Cortázar
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
Instrucciones para Dar Cuerda al Reloj
Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan. ¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.
Instrucciones para cantar
Empiece por romper los espejos de su casa, deje caer los brazos, mire vagamente la pared, olvidese. Cante una sola nota, escuche por dentro. Si oye (pero esto ocurrirá mucho después) algo como un paisaje sumido en el miedo, con hogueras entre las piedras, con siluetas semidesnudas en cuclillas, creo que estará bien encaminado, y lo mismo si oye un río por donde bajan barcas pintadas de amarillo y negro, si oye un sabor pan, un tacto de dedos, una sombra de caballo. Después compre solfeos y un frac, y por favor no cante por la nariz y deje en paz a Schumann.
Historias de cronopios y de famas (1962) Julio Cortázar
sábado, 5 de marzo de 2011
Los Serenos
corren alegres danzarines
los querubines huérfanos
momias de ropero
a la ronda musical
de noche y en silencio
se junta la comitiva
no somos de satán
ni de corona de espinas
¡Somos de papa y mantequilla!
nos moldeamos la cara
con una navaja
si nos soprenden gritamos
dejando en las sombras
verduras cocidas
corren alegres danzarines
los querubines huérfanos
momias de ropero
a la ronda musical
somos los que golpean puertas
y tumban fotografías
nos mueve con gran placer
alimentarnos de mentiras
no existen las fatigas
porque la fuente no termina
morimos de tanto comer
en dos o tres días
¡canciones de santos!
"la verdad" cagamos
espesa y auténtica
aunque para ustedes
sólo sigue siendo mierda
la encuentran y dicen:
¡Qué inmoralidad por dios!
si es mierda lo que yo veo
¡mentiroso me quedo yo!
los querubines huérfanos
momias de ropero
a la ronda musical
de noche y en silencio
se junta la comitiva
no somos de satán
ni de corona de espinas
¡Somos de papa y mantequilla!
nos moldeamos la cara
con una navaja
si nos soprenden gritamos
dejando en las sombras
verduras cocidas
corren alegres danzarines
los querubines huérfanos
momias de ropero
a la ronda musical
somos los que golpean puertas
y tumban fotografías
nos mueve con gran placer
alimentarnos de mentiras
no existen las fatigas
porque la fuente no termina
morimos de tanto comer
en dos o tres días
¡canciones de santos!
"la verdad" cagamos
espesa y auténtica
aunque para ustedes
sólo sigue siendo mierda
la encuentran y dicen:
¡Qué inmoralidad por dios!
si es mierda lo que yo veo
¡mentiroso me quedo yo!
viernes, 25 de febrero de 2011
Amaneceres
Suturado el ser por el hedor de la mañana, estima verdadera
olvidado el nombre y perdida la idea
instinto involuntario impone con desdén la realidad
entiendes asi en lo que estabas
¿Qué hora es?
El paseo previo a ser inoculado a la realidad
fecundado en la basura entre latas y bolsas
dando paso a un nuevo sentir, al engranaje de la lógica
inexorable
estoy en la playa, estoy en mi cama
de luto reciente por sueños de caña
En un ritual de autoflagelo con palabras, te escucho y tu sabes
pero tampoco escuchas
anochesco en el amanecer
en caminatas de rutas ociosas suelo divertirme
con crear la imagen de la persona que viene frente a mi
un destilado de sus ideas y sensación capturado un instante
procurando no apoyar mis pisadas sobre las lineas del camino
Mis sueños son la realidad que perdí
por la que reclamo hasta la fatiga
gritando justicia
me rio del equilibrio y las vanidades del claro y oscuro
estamos solos en esto, en un sueño que se difumina en el amanecer
sin dejarnos en claro si hemos sido despertados
¿Qué hora es?
olvidado el nombre y perdida la idea
instinto involuntario impone con desdén la realidad
entiendes asi en lo que estabas
¿Qué hora es?
El paseo previo a ser inoculado a la realidad
fecundado en la basura entre latas y bolsas
dando paso a un nuevo sentir, al engranaje de la lógica
inexorable
estoy en la playa, estoy en mi cama
de luto reciente por sueños de caña
En un ritual de autoflagelo con palabras, te escucho y tu sabes
pero tampoco escuchas
anochesco en el amanecer
en caminatas de rutas ociosas suelo divertirme
con crear la imagen de la persona que viene frente a mi
un destilado de sus ideas y sensación capturado un instante
procurando no apoyar mis pisadas sobre las lineas del camino
Mis sueños son la realidad que perdí
por la que reclamo hasta la fatiga
gritando justicia
me rio del equilibrio y las vanidades del claro y oscuro
estamos solos en esto, en un sueño que se difumina en el amanecer
sin dejarnos en claro si hemos sido despertados
¿Qué hora es?
domingo, 13 de febrero de 2011
Sin Nombre - Capitulos 6 - 7 (Final)
Capitulo 6: Negación
- Ok, nos vamos, si no pudimos salir por el primer piso tendremos que salir por arriba, vi muchas ventanas al entrar – con dificultad, jadeando como perro Santiago da instrucciones a su colega.
“No, por la mierda, esto no es una recaída. Este ha visto las mismas mierdas que yo, recuerda: es un hecho imposible el que tengamos el mismo delirio, pero hay situaciones que me atormentan, quiero ver la luz, quiero un instante de calma incluso si eso significa morir, quiero liberarme de mi.
Veo mi mano temblar, las palabra raspan por mi boca seca. A veces siento que voy a dormir, que me relajo y mis parpados caen, pero es cuando justamente el parásito se alimenta dejándome nada, y es la soledad el vacio por dentro el que mata con mucho mas dolor que cualquier cosa de afuera”
A medida que se acercaban al segundo nivel de la casa, la temperatura iba en aumento y el aire era mas seco, tall cambio no tardó en afectar el funesto estado de salud de Santiago y Elías.
Llegaron a un cuarto que sorprendía por su fachada, era lo más cercano que han visto a la ciudad desde hace días, salvo por la pared por la que recorría en todo su largo una extensión de velas, unas mas gastadas que otras, de las que solo algunas iluminaban los únicos vestigios de luz en el lugar.
Santiago inspecciona el lugar quedándose mirando muy fijo un cuadro que le parecía muy familiar. Empuñando su manga empezó a liberarlo de la densa capa de polvo que lo cubría pero resistía a separarse. La vaga silueta que podía apreciarse tras el polvo le traía el recuerdo de una foto tomada con su hija, la cual no veía desde hace mucho por causas judiciales.
Un estruendoso golpe de madera interrumpió su concentración, fue un violento portazo pensó para si mismo. Al darse vuelta emana violentamente sudor y un jadeo tanto profundo como dificultoso, al ver a su compañero con un hacha ensartada profundamente desde su hombro izquierdo hasta el tórax. La sangre brotaba brillosa e intensa desde un cuerpo convulsionado. Santiago al levantar la vista de repulsión, se encontró en frente al hombre de traje elegante que había baleado. Arreglaba sus mangas en una actitud muy serena.
“No, por la mierda, esto no es una recaída. Este ha visto las mismas mierdas que yo, recuerda: es un hecho imposible el que tengamos el mismo delirio, pero hay situaciones que me atormentan, quiero ver la luz, quiero un instante de calma incluso si eso significa morir, quiero liberarme de mi.
Veo mi mano temblar, las palabra raspan por mi boca seca. A veces siento que voy a dormir, que me relajo y mis parpados caen, pero es cuando justamente el parásito se alimenta dejándome nada, y es la soledad el vacio por dentro el que mata con mucho mas dolor que cualquier cosa de afuera”
A medida que se acercaban al segundo nivel de la casa, la temperatura iba en aumento y el aire era mas seco, tall cambio no tardó en afectar el funesto estado de salud de Santiago y Elías.
Llegaron a un cuarto que sorprendía por su fachada, era lo más cercano que han visto a la ciudad desde hace días, salvo por la pared por la que recorría en todo su largo una extensión de velas, unas mas gastadas que otras, de las que solo algunas iluminaban los únicos vestigios de luz en el lugar.
Santiago inspecciona el lugar quedándose mirando muy fijo un cuadro que le parecía muy familiar. Empuñando su manga empezó a liberarlo de la densa capa de polvo que lo cubría pero resistía a separarse. La vaga silueta que podía apreciarse tras el polvo le traía el recuerdo de una foto tomada con su hija, la cual no veía desde hace mucho por causas judiciales.
Un estruendoso golpe de madera interrumpió su concentración, fue un violento portazo pensó para si mismo. Al darse vuelta emana violentamente sudor y un jadeo tanto profundo como dificultoso, al ver a su compañero con un hacha ensartada profundamente desde su hombro izquierdo hasta el tórax. La sangre brotaba brillosa e intensa desde un cuerpo convulsionado. Santiago al levantar la vista de repulsión, se encontró en frente al hombre de traje elegante que había baleado. Arreglaba sus mangas en una actitud muy serena.
Capitulo 7: Revelación
- Alguna vez se ha preguntado: ¿Qué pasa con las personas que han obrado bien en la vida, pero que no han estado bajo la tutela de ningún dios? – se dirigía a Santiago el hombre del traje a quien podía observársele la herida en el cuello - Se ve enfermo señor, por suerte que a su compañero ya se le han pasado todos los males
Santiago toma al tipo de sus ropas en un acto impulsivo de rabia, lo levanta y lo apoya contra el muro
- ¡Qué mierda eres tu!
- Nada que no venga de ti
Le repetía la misma pregunta con brava cólera montada, agitándolo cada vez con mas fuerza contra el muro.
- El hombre ve lo que quiere ver, si en tu mundo no hay fantasmas, entonces ¿Qué somos?
- cállate
- ¡Qué mierda eres tu!
- Nada que no venga de ti
Le repetía la misma pregunta con brava cólera montada, agitándolo cada vez con mas fuerza contra el muro.
- El hombre ve lo que quiere ver, si en tu mundo no hay fantasmas, entonces ¿Qué somos?
- cállate
- Deja de encerrarte, ya no puedes confiar en ti mismo
Santiago siente como empieza a fracturar el cuerpo del hombre, ya no siente fiebre ni hielo en los pies, pero hay algo que no andaba bien, aunque lo disfrutara.
A sus oídos llegan gritos pidiéndole que pare su acción, el verdugo del misterioso hombre se detuvo e inmediato dio vuelta su mirada para encontrarse con el negro sin el hacha y con su herida viva, palpitante. Elías tenía una mirada compasiva y empática, una mirada que provoco que su compañero dejara de torturar a su víctima y adoptara una posición que solo apelaba una buena explicación. Un silencio que ahoga el respiro aprieta el pecho de Santiago, es el instante previo a la comprensión, la impaciencia por la obtención de la paciencia.
Santiago siente como empieza a fracturar el cuerpo del hombre, ya no siente fiebre ni hielo en los pies, pero hay algo que no andaba bien, aunque lo disfrutara.
A sus oídos llegan gritos pidiéndole que pare su acción, el verdugo del misterioso hombre se detuvo e inmediato dio vuelta su mirada para encontrarse con el negro sin el hacha y con su herida viva, palpitante. Elías tenía una mirada compasiva y empática, una mirada que provoco que su compañero dejara de torturar a su víctima y adoptara una posición que solo apelaba una buena explicación. Un silencio que ahoga el respiro aprieta el pecho de Santiago, es el instante previo a la comprensión, la impaciencia por la obtención de la paciencia.
- De todas tus recaídas, esta fue la más elaborada señor, usted ya me conoce, pero no se en que me convertiste, soy tu doctor, Santiago – declara el hombre del traje desde el piso
- Ándate a la mierda, vamos negro
- Viejo, lo siento… al parecer soy la parte de ti que no se lleva de lo mejor contigo mismo, me mataste viejo. Hay gente esperándote, como al de las fotos que veías.
Sin querer entender nada y en desolado panorama, Santiago deja corriendo la sala en un errante rumbo, tropezándose con mueble s que destrozaba de rabia, hacía mucho tiempo que no corrían lagrimas por sus ojos. No encontraba ventanas, empezó a gritar, con el abdomen duro su grito se quebraba en tibias lagrimas que emanaban de un rostro caliente. Trató de embestir una muralla de donde rebotó secamente hacia el piso fracturándose un hombro, intenta nuevamente y esta vez sintió como su cuerpo traspasaba la muralla tal como si quebrara cristal. La estructura cedía y Santiago volaba entre pedazos de muro en un cuerpo en suspensión que comenzaría a descender. Estaba fu era.
Encontrándose en caída libre podía ver el exterior, el aire se sentía agitado y el vértigo por reacción natural de sus reflejos le obligaba a cerrar los ojos, por primera vez desde su estadía, por un tiempo mas prolongado que en el parpadear. Consumado este último acto, en un increíble fenómeno, Santiago se encontró con otra realidad, sintiendo la misma sensación vertiginosa de la caída , se ve acostado a una camilla en la que era transportado con mucha urgencia por personal de salud, su visión es borrosa y no puede distinguir lo que hablaban. Abre los ojos.
El suelo del patio se hace cada vez mas cerca, en busca de evitar tal fatal destino su reacción natural fue escoger la “realidad” que le conviniese. Cierra los ojos.
Ve una enorme luz blanca que indujo debería ser la luminosidad del quirófano, su cuerpo torpe y pesado siente una fuerte presión en el pecho. Abre los ojos.
Santiago cae aparatosamente sobre la tierra del jardín dando un rebote destructor, siente una buena cantidad de huesos rotos y la boca llena de sangre. Con la vista teñida de rojo da un vistazo al lúgubre lugar, está afuera, está libre. Cierra los ojos y su cuerpo y espíritu se funden en un oscuro en donde las sensaciones han desaparecido.
Encontrándose en caída libre podía ver el exterior, el aire se sentía agitado y el vértigo por reacción natural de sus reflejos le obligaba a cerrar los ojos, por primera vez desde su estadía, por un tiempo mas prolongado que en el parpadear. Consumado este último acto, en un increíble fenómeno, Santiago se encontró con otra realidad, sintiendo la misma sensación vertiginosa de la caída , se ve acostado a una camilla en la que era transportado con mucha urgencia por personal de salud, su visión es borrosa y no puede distinguir lo que hablaban. Abre los ojos.
El suelo del patio se hace cada vez mas cerca, en busca de evitar tal fatal destino su reacción natural fue escoger la “realidad” que le conviniese. Cierra los ojos.
Ve una enorme luz blanca que indujo debería ser la luminosidad del quirófano, su cuerpo torpe y pesado siente una fuerte presión en el pecho. Abre los ojos.
Santiago cae aparatosamente sobre la tierra del jardín dando un rebote destructor, siente una buena cantidad de huesos rotos y la boca llena de sangre. Con la vista teñida de rojo da un vistazo al lúgubre lugar, está afuera, está libre. Cierra los ojos y su cuerpo y espíritu se funden en un oscuro en donde las sensaciones han desaparecido.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


