Un juego de estacas, corvos, agua bendita, una cruz de plata y puñados de azufre forman parte de mi armamento. Mención aparte y honrosa es para mi preciosidad con la que he limpiado estas tierras, mi ballesta de plata.Voy tras mi caza, mi instinto se eleva. Mi presa se esconde en un bosque muy gris, con árboles sin vegetación, solo con sus ramas desnudas al aire dándole un aspecto mas tétrico del que me esperaba. Me adentro en el bosque, he pisado la trampa.
La bestia puede estar en cualquier lado, tiene la ventaja de sorprenderme y partirme en dos. Es su habitad es su terreno. Mala jugada.
Con ballesta en mano comienzo lentamente a avanzar, teniendo especial alerta a cualquier movimiento y ruido ajeno al mio. Siento crujir unas ramas que no provienen de mis pisadas, disparo sin pensar ni mirar. Mato un ciervo. Lo dejé clavado del cuello a un árbol.
Estoy ansioso, estoy en frenesí... ¡Estoy en el piso! me ha capturado, esta sobre mi. Lo apunto pero la ballesta ya no está en mi mano. Haremos esto a lo vieja escuela.
Comenzamos una batalla campal de garrazos y puñetazos , rodando por el suelo cada cual muy exitado. Caímos a través de un risco, nuestras espaldas se muelen, nuestra sangre se hace barro...
¡Vamos! ¡¿Cuánto esperaste por ésto?!, tengo mi brazo derecho teñido de rojo y debo proteger mi cuello, procurar no bajar la guardia de lo contrario todo habrá sido sólo sangre. Doy un derechazo digno de un peso pesado sacaquijadas, la única diferencia es que el colmillo que le volé es mas grande que los comunes.
Me mira con sus enormes ojos amarillos que parecen muy húmedos, su hocico baboso en frente de mi. Me he confiado, está sobre mi asfixiándome con sus dos brazos si asi puede llamarceles.
¿Hasta aquí llegaste?¿Sólo eres un cazapalomas?. Idiota, el cuerpo se vuelve insensible ante los "últimos esfuerzos", es la mente la que tiende a rendirce. Este no será el puto caso.
Saco un saquito de azufre con mi brazo bañado en sangre, supuestamente fuera de juego, y le reviento el saquito en el rostro. La bestia retrocede disgustada y enojada.
Puedo respirar.
El animal emprende m
archa, parte volando lejos de mi. Lo miro marcharse como también veo una enorme luna llena, hermosa, mas grande que de costumbre, pareciera estar revelándoce ante el cielo. El sacerdote parece ir volando hacia ella.Recurro a mi último recurso: un viejo arpón ballenero japonés heredado de mi antecesor, que no era ni japones ni ballenero.
El tiro es certero (no han de esperarce menos), la bestia se tumba tras unos árboles a una buena distancia de mi. Estoy en el piso por la enorme fuerza del arpón al ser disparado. Debo tener mas de éstos.
Ya no puedo más. Mis piernas están entumecidas de todo lo que te he perseguido bestia de mierda.
Mi respiración apenas me deja pensar mientras siento mi corazón repalpitar en mis oídos.
Aun así no he sudado ni una maldita gota, de seguro por el frío reinante en este lugar del mundo. Seco, abrazador al punto de que pareciera quemarme. No, es el vapor que sale de mi boca y mi pelo.
Cada pisada se hace cada vez mas ruidosa al son del tiempo. Podrían dispararme, pasar corriendo por brasas calientes pero les aseguro que seguiría corriendo.
Mis últimas tres pisadas suenan escandalosamente con el quebrajar de las ramas de este bosque medio muerto y te tengo como pensaba frente a mi. Malherido.
No tengo mas armas que mis manos, no me importa morir, en mi cabeza sólo hay una idea, estrujarte y tender tu pellejo de bandera. No me reconosco.
Se ve mal, me decido a acercarme y de nuevo he caído en la trampa. En instantes que sólo seres como él parecen percivirlos y actuar en ellos, se posiciona en mi espalda, siento su respiración y su baba que cae sobre mi hombro. ¿No recuerdas que esta bestia engañó a todo el pueblo?.
Se abalanza a morderme dando un previo rugido y con reflejos que no esperaba tener en ese momento evado la mordida quitándomelo de ensima. Me toco el cuello, nada, pero estoy sangrando mucho, mi rostro, mi... ¡Mi oreja!, está sólo a la mitad.
Enfurezco, ahora se empareja la pelea, ahora es una pelea bestia contra bestia. No siento mi corazón, no pienso en nada, sólo fluye instinto por mis venas. Tengo una cruz de plata en la mano, nada mas, nada menos.
El vampiro religioso se prepara para una retirada, menudo marica.
.- ¡Esta vez no Infeliz!¡Ésta vez no!
Apenas a iniciado su vuelo, salto sobre su lomo, me agarro de sus alas, me apoyo en el suelo y descargo todas mis rabias, mis dudas, mi desesperación en el asote que le propino contra las rocas. Sentí el quebrajar de sus alas y un agudo gemido mientras lo hacía, eso me alimentó.
Al caer al piso, aun estando muy exitado clavo la cruz sin mirar dónde, sólo que fuera sobre él.
Se me escapa una risa, nunca esperé que la cruz fuera a parar ahí, ni planeado hubiera salido mejor. Vuelvo a ser yo.
La noche es gris con rojo intenso, rojo humano. Sale humo de un cadáver que no está precisamente combustionando. Su familia sabe de su ausencia y saben que fui yo. Pronto le veré la cara a viejos conocidos.
Después de todo nunca es tarde para empezar de nuevo.

